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UN MUNDO EN MI MISMO de P.A Cornell (Trad. Cezary Novek)

  • P.A Cornell
  • hace 7 días
  • 4 Min. de lectura

PA Cornell es una escritora chileno-canadiense de ficción especulativa. Graduada del taller Odyssey, sus relatos se han publicado en más de cincuenta revistas y antologías, incluyendo Lightspeed, Apex y tres antologías "Best of". Además de ser la primera finalista chilena de Nebula en 2024, Cornell ha sido finalista de los Premios Aurora y World Fantasy, preseleccionada para los Premios BSFA y ganadora del Premio de Obras Cortas de Canadá. Cuando no escribe, se la puede encontrar ensamblando intrincadas piezas de Lego o bebiendo cantidades desorbitadas de té. A veces, ambas cosas. Para más información sobre la autora y su obra, visite su sitio web pacornell.com.



Soy uno de los afortunados. Muchos robots dados de baja terminan siendo reciclados o

almacenados a la fuerza junto a otros modelos obsoletos mientras se decide su destino, a

veces por décadas. Ignoro por qué mi dueño me trajo al chatarral abandonado en vez de

cambiarme. Tampoco sé por qué, en lugar de ponerme junto a la compactadora con las

otras máquinas, me llevó a un viejo banco metálico y me dijo que me sentara antes de

dejarme.

Entonces, solo sabía que ya no le era útil. Resignado y triste por no servir ya a

un propósito, creí esto durante mucho tiempo.

Durante casi cuarenta años, me he sentado en este banco bajo uno de los faroles

que iluminan el patio por la noche.

Sigo aquí por dos razones: la primera es que mi dueño me ordenó sentarme, y en

tanto no diga lo contrario, debo seguir sentado. La segunda es que mis articulaciones

están agarrotadas por el óxido, y sería incapaz de pararme incluso si volviera y me lo

ordenara. Pero no volverá. Lo sé porque conozco la esperanza de vida humana

promedio y, dada la edad que tenía cuando me trajo, es improbable que siga vivo.

Llegué en invierno y mi cuerpo pronto se congeló en el banco. Desde entonces,

las estaciones han pasado muchas veces y estoy una vez más recalentado por el sol de

verano. Cuando mis sensores visuales aún funcionaban, disfrutaba viendo cómo

cambiaban de color las hojas de los árboles que rodean el patio. Recuerdo también la

manera en que las nubes cambiaban de forma y cómo aprendí a leer el cielo, la

temperatura y la presión del aire para saber cuándo esperar lluvia, vientos fuertes, hielo

y otras cosas.

El tiempo y el óxido corroyeron mi cuerpo. Ya no capto información visual, pero

aún puedo reproducir esos viejos recuerdos o usar mis otros sensores para hacerme una

imagen de la vida que prospera a mi alrededor. A apenas un metro y medio de distancia,

por ejemplo, hay un ciervo. Oigo sus suaves pasos y el delicado susurro de las hojas

arrancadas de un arbusto. Huelo su aroma terroso y percibo sutiles fluctuaciones en el

aire cuando mueve sus orejas. A veces se acercan lo suficiente como para olerme o

tocarme. A menudo, duermen a mi lado. Si escucho con mucha atención, puedo oír el

latido de su corazón. Está tranquilo. No me teme.

Tampoco teme la mariposa en mi mano. Mueve sus alas lentamente, secándolas

al sol. Acaba de salir de su crisálida. Antes de esto, sentí cómo se arrastraba sobre mí

como una oruga y se preparaba para su metamorfosis, colgándose de uno de mis dedos.

Esperé durante semanas a que emergiera y ahora ha llegado el día. Siento algo parecido

al orgullo por su logro y me alegra haber sido una pequeña parte de eso.

Y la mariposa no está sola en mi cuerpo. El musgo empezó a crecer en mis pies

poco después de mi llegada. Una hiedra también crece ahora, enredada en mi pierna y a

lo largo de mi brazo derecho, y luego alrededor de mi cuello. El aroma me dice que son

campanillas. Siento su firme agarre. Planea subir a la farola a continuación, usándome

como soporte. Creo que lo logrará. Mientras, sus flores nutrirán a la mariposa, al igual

que a las abejas que la visitan con su zumbido adormecedor. Sus lianas servirán de

estructura para telas de araña y de escalera para las hormigas. Y todo esto sobre mí: un

mundo en mí mismo.


Ya no me siento sin propósito. Soy parte de esta vida que me envuelve. Doy

apoyo y compañía segura. Proveo calidez cuando el sol calienta mi metal. Incluso

mientras me desmorono lentamente hasta convertirme en polvo, este polvo formará

parte de la tierra que alimenta a las plantas, y estas plantas a su vez nutrirán a los

animales y a los insectos. Para muchas criaturas más pequeñas, también ofrecerán

refugio. No sé por qué mi dueño me trajo aquí en vez de cambiarme, pero me gusta

pensar que fue un regalo. Al igual que él, mi propia existencia tiene un impacto en

quienes me rodean y seguirá teniéndolo, incluso después de que me haya ido. A veces,

imagino que está sentado a mi lado en este banco, y juntos escuchamos la música de los

pájaros, el viento y el suave susurro de las hojas. Y eso es más que suficiente.

 
 
 

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