TRABAJO DE EXTRACCIÓN de Cristian R. Melis
- Cristian R. Melis
- 20 jun 2023
- 8 Min. de lectura
Actualizado: 23 oct 2024
La encontraron vagando a un costado de la carretera. Probaron engatusarla para
que solita se subiera a la camioneta, pero no dio resultado. Así que no tuvieron
más remedio que ponerla a dormir con ayuda de una llave cruz. Entre los tres la
cargaron en la parte de atrás y la llevaron hasta su basuroso rancho, donde la
echaron sobre la mesa de la cocina, la desnudaron y maniataron con sogas.
—Creo que nos trajimos a la equivocada —exclamó el menor de los hermanos
mientras le ponía un trapo sucio en la boca.
Los demás se acercaron a echar un vistazo más de cerca.
—¡Mierda! Alguien debió dejarle un buen bollo en el horno a la perra —acotó
el del medio, quien, además de haber nacido retardado padecía de enanismo y
una severa malformación facial que lo hacía verse como un bicho raro.
—Me juego el huevo derecho a que fue el padre —dijo el mayor en lo que se
rascaba la entrepierna. Una fiera urticaria pélvica lo tenía todo el tiempo con la
mano dentro del pantalón—. Putas como esta solo sirven pa’ poner algo de
saliva en el nabo y poco más. Escuché que sus padres las usan para sacarse la
nata hasta que, un buen día, el bombo les empieza a crecer y...
No terminó la oración cuando de pronto la chica irguió un poco la cabeza. La
bamboleó por un segundo y luego la dejó caer hacia atrás.
—¡Carajo! —Gritó el bobo—. ¡Por poco me cago encima!
Su hermano menor intentó calmarlo poniéndole una mano en el hombro.
—Es solo un reflejo —dijo con una sonrisa demoníaca en el rostro—. El golpe
que le di en la mollera hará que no se levante por unos días —Soltó una risita y
agregó—: La mu’zorra jamás sabrá lo que le tenemos preparado esta noche.
—Así es —intervino esta vez el mayor en lo que se bajaba la bragueta y extraía
su pene tumescente—. Es hora de llenarle la rajita de chica hasta que el jugo le
salga por las orejas.
Dicho esto, se ubicó entre las piernas abiertas de la joven y, tras lanzarle un
suculento gargajo entre los rosados labios de su sexo, se empalmó y enseguida
comenzó a penetrarla de firme.
—¡Cieeelos! —Orgasmeó el muy cretino. Sus testículos cacheteando el filo de
la mesa—. ‘Toy tan dentro que puedo sentir el casquito rascándole el hígado.
¡Ja! La policía va a tener que exprimirle hasta los intestinos si quiere una prueba
mía de ADN.
Dio unas cuantas embestidas más y luego….
—¡Ooooooooohhh!
…eyaculó una buena cantidad de semen dentro de ella. Se retiró cual
boxeador aturdido luego de haber recibido una paliza monumental. Un hilillo
largo y grumoso de baba testicular colgaba ahora de la punta de su bálano.
—Mi turno —dijo el retrasado, que, pija en mano, no dejaba de jalársela con
esmero, buscando una erección al menos un poco más aceptable. Ayudándose
con un banquito, se colocó donde minutos antes había estado su hermano e hizo
lo propio.
Y unos segundos más tarde…
—¡Aaaaah! —gimió al tiempo que los ojos le daban vuelta producto de la
excitación. Su pelvis bombeando la entrepierna de la chica cual pistón de
neumático—. Mi pito se siente como fórmula uno de lo lubricá que esta zorra la
tiene.
Era invierno y hacía un frío del carajo. Lo único con lo que contaban para
procurarse algo de calor era dejar encendido el horno y algunas hornallas, pero
ni así. El rancho hediondo en el que vivían necesitaba… bueno, digamos que un
poco de inversión. Quizá solo bastara con cubrir las ventanas con un retazo de
tela, o poner una puerta justo en la entrada para que no entrase el chiflete.
—¡Diablos! —Gritó de repente—. Creo que se me congeló el culo.
Los otros se carcajearon ante el comentario.
—¿De qué se ríen, hijos de puta? Esta pocilga de mierda es una heladera.
Hace más frío acá que en la morgue —gruñó—. No me puedo concentrar.
Y luego se desmontó de golpe, cayendo por poco del banquito. Al hacerlo, un
flato de vulva resonó en la habitación. Un poco del aderezo rancio chorreaba ahora
por la raja de la muchacha al piso, formando un pequeño charco almibarado.
El menor de los hermanos empujó con un pie la estúpida banqueta.
—Hazte a un lado, idiota —dijo, y enseguida hundió la serpiente adulta que se
tensaba en sus piernas en aquel magullado aunque exquisito Monte de Venus.
En ese momento, la chica irguió una vez más la cabeza. Abrió un ojo. Miró a
sus raptores por un segundo y entonces… volvió a desplomarse. Las vértebras de
su cuello soltaron un estremecedor crack con el golpe.
—¡Ouch! —soltó el mayor, alzando la llave de cruz que sostenía en la mano.
Una buena cantidad de sangre y sesos manchaban el acero—. Creo que se me fue
un poco la mano.
Dando pequeños saltos, el mogólico intentó ver algo del desastre sobre la
mesa.
—¿L-La mataste?
Su despreciable hermano dudó por un instante. Asqueado, se restregó el
extremo de la herramienta sobre la pernera del pantalón.
—¿Qué mierda importa?
—Bueno, si está muerta… eso nos convierte en necrófilos, ¿no?
De repente, una carcajada retumbó en la fría habitación.
—Muerta o no, les aseguro que la cartuchera de esta perra se siente como una
salamandra —exclamó el menor, que aún seguía profanando aquel cuerpo
indefenso—. Mi bicho está tan calentito que podría… ¡Oh cielos! Vengan a ver
esto.
Curiosos, sus depravados hermanos se acercaron y miraron con asombro el
líquido que brotaba a chorros del interior de la chica y se escurría raudamente
por las piernas peludas del muchacho.
—¡Guau! ¡La cachorra rompió piñata!
—¿Ese es el líquido ñotico? —preguntó el mayor.
—El aceite ideal para mi pepino —replicó el otro. El muy degenerado en
ningún momento dejó de embestir, sino que por el contrario lo hizo con mayor
premura.
Continuó de ese modo durante un tiempo cuando un fuerte pinchazo en el
casquito del choto lo hizo saltar en el lugar.
—¡MIERDA! —Chilló, retorciéndose—. ¡Algo me mordió!
Sus hermanos lo miraron sin entender a qué se refería.
De repente, sintió un nuevo pinchazo. Solo que más intenso esta vez.
—¡HIJO DE…! ¡AY!
El más idiota de los tres se quedó duro en el lugar sin saber qué hacer.
—¡No te quedes ahí parado! —Le gritó el mayor mientras descargaba
trompadas contra el vientre abultado de la mina—. ¡Dame una mano aquí!
A lo que, tan pronto como su cerebro se lo permitió, corrió a buscar el
banquillo para posicionarse a la altura de la mesa. Enseguida se unió a su
hermano.
Mientras tanto, el otro infeliz luchaba por desmontarse sin éxito.
—¡AAAHHH! ¡QUÍTENMELO, QUÍTENMELO!
Por alguna razón, su miembro parecía haberse quedado abotonado en el
interior de la joven. No había modo de salirse por más que intentara echar el
cuerpo hacia atrás. Un dolor agudo lo tenía retorciéndose como un epiléptico.
—Me juego el huevo izquierdo a que su madre le metió una trampera en la
concha en cuanto vio que le crecía la panza —comentó el mayor.
—¡CALLÁTE Y SEGUÍ, LA PUTA QUE TE PARIÓ! ¡AAAAAH!
Apremiado por la situación, el retardado reunió toda su fuerza en un puño y
lo dejó caer directo sobre la boca del estómago de la chica. Esto hizo que lo que
fuera que hubiese dentro soltara de una vez por todas la mazorca de su
hermano.
—¡Santo cielo! — exclamó este una vez aliviado—. Por un momento pensé en
cortarme la garcha, lo juro.
Pero en cuanto comenzó a desmontarse…
—¿QUÉ DEMONIOS…?
…el motivo de su sufrimiento quedó al descubierto. Adherido al extremo de
su pito descansaba lo que solo podría describirse como la boca de un feto.
Bueno, verás, no uno de características propiamente humanas, sino…
—¿Acaso esa cosa es… —comenzó a decir el mayor, acercando la cara a la
espantosa criatura—, el embrión de una rata?
Al ver eso, el bobo vomitó en el piso. Restos a medio ingerir del puchero de
conejo y garbanzos que conformaban la cena descansaban ahora en un
montículo maloliente a los pies de la mesa.
—Creo que sí. La maldita perra acaba de tener un aborto.
—Eso fue lo que yo llamo un verdadero “trabajo de extracción” —celebró el
otro—. Una boca menos que alimentar en el mundo. ¡Bien hecho, bro!
Pero al intentar chocar los cinco, el monstruo que aún seguía enganchado al
glande de su hermano regresó a la vida y…
—¡AAAAAAAHHHHH!
Un grito desgarrador se dejó oír hasta la calle en el instante en que el hijo de
puta le arrancó un buen trozo de prepucio de un mordisco. El colgajo de carne,
totalmente ensangrentado, quedó atrapado entre los incisivos del pichón de
roedor por un segundo antes de precipitarse al suelo.
—¡AAAAAAAAAAAAHHHHH!
Sin pensarlo dos veces, el mayor tomó a la criatura, que chillaba como un
puto cochinillo, y la arrojó dentro del horno. Cerró la tapa de una patada y luego
corrió a buscar algo para frenar el sangrado. ¡Diablos! No había nada de utilidad
en ese rancho de mierda, por lo que regresó a la cocina con las manos vacías.
Para su asombro, el bobo ya había conseguido hacerse de un trapo. El mismo
que había colocado sobre la boca de la mina.
Entretanto, el otro no paraba de gritar.
—¡Aaahh! ¡Duele! —Se arrastró tambaleante hacia su dormitorio, donde se
echó en la cama. La sangre brotaba de su entrepierna manchando las sábanas.
Al poco, el mayor entró y le pidió que le enseñara la herida.
—¡Mierda, bro! —Exclamó al ver el tajo que dividía en dos la carne de su
pene—. Creo que tu pichón necesita un poco de sutura.
Su hermano asintió con el rostro contorsionado por el dolor.
—No tenemos hilo ni aguja en la casa —acotó el bobo, de pie en el umbral.
A lo que el mayor dijo:
—Bien, escúchame. Tú solo sigue presionando la herida que nosotros
pasaremos por una farmacia, ¿de acuerdo?
No hubo respuesta.
—De camino te traeremos otra cachorra —intentó el tarado a modo de
consuelo—. Una con acoplado para que puedas usarle la puerta trasera como te
gusta.
Silencio.
Los hermanos se miraron por un segundo y luego se retiraron de la
habitación dejándolo solo con su agonía. Un fuerte olor a pelo y carne
chamuscada los abofeteó al pasar junto al comedor de camino a la camioneta.
—Está bien… —dijo entonces su hermano mientras moría desangrado—, pero
esta vez al menos asegúrense de que sea mayor de edad.

Nacido el 26 de septiembre de 1989, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires,
Argentina. Es un abogado fracasado que trabaja en el Registro de la Propiedad
Inmueble de CABA. Cuando no está tomando mate, mira el noticiero. Y cuando
no, traduce alguno de los miles de libros que colecciona en inglés. Solo cuando
pinta y le pican las bolas se sienta a escribir historias bizarras plagadas de sexo
enfermizo con alto contenido escatológico.
Su primera novela titulada “COMO BATIDO DE MIERDA” fue publicada en
2020 a través de la plataforma Amazon, donde actualmente se encuentra
disponible en formato ebook, pasta blanda y tapa dura.
En 2022, de la mano de un grupo de talentosos escritores nacionales e
internacionales, el colectivo literario autogestivo “El Bondi Libros” lanzó
“RELATOS MIERDOSOS”, una antología inspirada en su primera novela, la
cual contiene un relato inédito de su autoría titulado “Feliz, cumple, Gervi”.
Finalmente, luego de algunos contratiempos, su obra “COMO BATIDO DE
MIERDA 2” vio la luz en abril de 2023. Al igual que su antecesora, la misma
puede adquirirse tanto en Amazon como a través de la página web
librosbondi.empretienda.com.ar
Su nouvella “La desgracia del capitán Hass O’Pee”, pieza original de “TALES
FROM THE BONDI – REVISTA N° 1”, formará asimismo parte de su próximo
libro “EMPAQUETADO”, que contendrá 3 nouvellas de género porno-trash.
“Trabajo de extracción”, su primera historia splatterpunk, es exclusiva de la
revista digital “LA TUERCA ANDANTE”.
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