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ESTAMOS CERCA de Nicolás Figueredo

  • Nicolás Figueredo
  • 4 ago 2023
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 23 oct 2024

Nos gustaba arrancar temprano. Alfredo preparaba el equipo de mate, y yo, media dormida

aún, llevaba las valijas al auto. En el cielo ya se intuía que el sol del día iba a ser pleno. Lo lindo

del paisaje en aquella provincia, era ver el horizonte árido, y amarillo, que tímidamente nos

ofrecía unas montañas que jamás llegaban.

- Todo listo cariño. Las dos valijas, la carpa, la conservadora, todo arriba del auto. - dijo Alfredo

con su voz opaca y rasposa

Las primeras horas solían pasar rápido. Escuchábamos un poco la radio y cuando nos

cansábamos de las voces poníamos un casete. Pero recuerdo nítidamente que aquella mañana

era diferente. Algo por debajo del aire nos dejaba una sensación metálica en la comisura de los

pensamientos. La misma noche tuve una sueño que me despertó agitada. Se lo comenté a

Alfredo.

- Che, sabes que anoche soñé algo rarísimo.

Me miro, con su mirada tupida. Y cada vez que lo hacía, me fascinaba la profundidad que

guardaban sus ojos. Aunque creía conocerlo muy bien, en ese instante me parecía un

desconocido.

- Estaba en medio de una pared. No me pude percibir corpóreamente. Quizás, yo misma

estaba dentro de la pared, no lo sé. Pero de un lado había muchas mujeres llorando. Con un

llanto desesperado - Alfredo dejo de mirar la ruta y me miro dos segundos - y del otro lado de

la pared criaturas tiradas en el suelo.

- Qué raro - Me dijo, y subió un poco el volumen del estéreo.

Salimos de Chalesito a las 7 de la mañana. Ya eran las 10, y todavía no habíamos hecho

ninguna parada. Le dije a Alfredo que tenía ganas de mear, que paremos en algún lugar. Él,

como siempre, me ofreció la banquina, algo que jamás aceptaría. A lo sumo me arriesgaría por

un árbol, pero en aquel desierto no había ni una sola planta.

- Mirá, según el cartel que pasamos hace poco, acá a dos kilómetros hay un pueblito. ¿Te

parece si vamos, y de paso aprovechamos para almorzar algo?

- Si - Le dije - Te lo exijo Alfredo. No soporto más. ¿O pretendes que te moje el auto?

Entonces nos desviamos de la ruta principal, e ingresamos al pueblo. No puedo recordar como

era el nombre, el cartel estaba bastante gastado por el sol. Para ese entonces ya hacía mucho

calor y empezaba a irritarme.

- Menos mal que eran dos kilómetros

- Estamos cerca - recuerdo tan clara esa frase de Alfredo, como si anunciaran el nacimiento de

aquella sensación que tenía el aire desde temprano, o como si continuara parte de mi

pesadilla.


Casi llegando al pueblo tuvimos que doblar en una esquina. Era un lugar completamente

deshabitado. O eso parecía

- Busquemos algún bar Alfredo

- Si - Me dijo y freno el auto de golpe.

Miré hacia delante. Un señor enorme, con un delantal blanco y una máscara de gas, se había

parado en medio de la calle. Jamás en la vida me había asustado tanto. Ver a ese tipo fue muy

raro. Sostenía su cuerpo como los borrachos, casi sin ánimos.

- La puta madre - Le dije a Alfredo - ¿Qué le pasa? ¿Por qué está ahí sin moverse? ¡Tócale

bocina!

- No lo sé querida. Se salvó de que no lo choque.

El sujeto nos miraba a través de su máscara de gas. Parecía una enorme mosca blanca.

Lentamente, se dio vuelta y comenzó a caminar hacia la vereda. Sus movimientos me seguían

pareciendo raros, torpes.

- ¿Será que tiene algún problema mental?

- Pareciera - Y me salió una leve sonrisa mirándolo a Alfredo. Esas sonrisas que indican alivio.

Seguimos un par de cuadras, y en una esquina encontramos un restaurante de pueblo,

antiguo, con el frente de ladrillo común. Me volvieron las ganas de hacer pis, así que entré

corriendo. El lugar estaba vacío. No eran más de 10 mesas, y una barra larga de madera.

- Hola, buen día - Dije en un tono enfático para que me pudieran escuchar. Alfredo estaba

bajando del auto, cerrando las ventanas.

Estuché unos pasos en el fondo del pasillo. Una señora bastante pálida, de unos cincuenta

años y con unas ojeras gigantes, salió.

- Hola - Dijo

- Hola buen día - Volví a repetir - Estamos buscando algo para comer, ¿Están abiertos no?

- Si - La señora apenas se movía

- Genial. ¿Podría pasar al baño? Con mi marido venimos viajando hace unas horas, y no

encontramos ninguna estación de servicio donde parar.

- Si adelante. - Y con su enorme mano me señalo un cartel que decía “baños”


Cuando salí, Alfredo ya se había sentado en una mesa.

- ¿Qué pedimos? - Le dije mientras me limpiaba las manos con un pañuelo húmedo

- No lo sé, la señora que te atendió se volvió a meter dentro, y no me trajo ninguna carta.

- Rarísimo. ¿Te diste cuenta de que no hay nadie en la calle? La única persona que cruzamos

fue el señor que llevaba una máscara de gas

Se oyeron unos pasos en el pasillo. La señora, pálida, volvió a aparecer. Se acercaba

lentamente hacia nosotros. En las manos parecía traer un cuaderno.


- Hola señores, les traigo el menú - La pronunciación de las palabras era lenta y con una voz

grave.

- Gracias - le dijo Alfredo mirándola extrañado

- De nada - Y la mujer sonrió. Prácticamente no tenía dientes y sus encías eran oscuras y

viscosas

Me puse a ver la carta. Se me había ido el apetito para ese entonces. En el fondo tenía un mal

presentimiento. El aire seguía siendo denso, y en la comisura de los labios se sentía un leve

gusto metálico. Recordé brevemente la pesadilla

- ¡Estamos cerca! ¡Estamos cerca! - Un golpe secó golpeó la ventana. Me asusté muchísimo,

Alfredo también. Nos dimos vuelta y era el mismo hombre que cruzamos en la calle. Estaba

gritando en la vereda, y nos miraba.

- ¡Ay! La puta madre - dijo mi marido y frunció la mirada

- No soporto más este lugar Alfredo, vayámonos, ya hice pis.

- Está bien - Y ambos subimos al coche

El hombre con su máscara de gas seguía parado mirándonos. No se movió.

Cuando nos alejamos me voltee para observarlo. El sol le daba de lleno. Nada de lo que

sucedía tenía sentido. ¿Estamos cerca? ¿Cerca de qué?, su frase quedo sonando en mi cabeza,

y estoy seguro de que en la de Alfredo también.




Biografía Nací en 1993, en Buenos Aires. Vivo en Grand Bourg y actualmente soy profesor de filosofía, y

estudio la carrera de Tecnicatura en tecnologías de las industrias.

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